Establecer horarios fijos para la nutrición de las mascotas reduce la ansiedad y favorece la salud digestiva; qué recomiendan los especialistas para organizar la rutina en casa
La alimentación de los perros constituye una tarea cotidiana fundamental, aunque muchas veces los propietarios subestiman la importancia de los horarios. La Cámara Argentina de Empresas de Nutrición Animal (CAENA) acercó consejos para entender por qué una alimentación adecuada es el pilar fundamental de la vida de la mascota.
“Un alimento balanceado es aquel formulado para cubrir de manera precisa los requerimientos nutricionales de cada animal, contemplando su especie, edad, tamaño y nivel de actividad”, explicó la médica veterinaria Betiana Colabianchi (Mat. Sta. Fe 1.368). Y agregó: “Esto no solo garantiza el aporte de nutrientes esenciales, sino también su correcta proporción y biodisponibilidad”.

“Hoy sabemos que la nutrición no solo aporta energía, sino que también modula procesos clave como la respuesta inmune, el microbioma intestinal y hasta la expresión genética. Por eso, una dieta adecuada es una de las herramientas más importantes para prolongar la vida y mejorar su calidad”, subrayó Colabianchi.
Por su parte, según comentaron especialistas al sitio web de expertos Dogfy Diet, implementar una rutina estricta resulta esencial para asegurar el bienestar integral del animal. La educación desde la etapa de cachorro permite que el perro comprenda las normas del hogar, lo cual genera una sensación de seguridad y satisfacción que disminuye significativamente sus niveles de ansiedad.
Los veterinarios sostuvieron que resulta necesario alimentar a los perros dos veces al día para mantener un equilibrio adecuado. Esta frecuencia responde al funcionamiento de su sistema digestivo, el cual presenta similitudes biológicas con el de los humanos. Tras la ingesta, el estómago tarda pocas horas en vaciarse hacia el intestino delgado y, luego de un lapso de ocho a diez horas, el organismo comienza a enviar señales al cerebro para estimular la respuesta de hambre. Por este motivo, la distribución de dos comidas diarias cubre las necesidades energéticas y metabólicas de manera eficiente.
En cuanto a los horarios precisos, los expertos recomendaron realizar la primera ingesta entre las 8 y las 9 de la mañana, mientras que la segunda comida debe ocurrir en la franja de las 17 a las 19 horas. Esta organización temporal favorece la metabolización de los nutrientes y distribuye la energía durante toda la jornada. Asimismo, la estructura horaria permite que el animal afronte con mayor serenidad los cambios bruscos en la dinámica familiar, como la llegada de un nuevo integrante, la presencia de huéspedes temporales o las temporadas de vacaciones. La predictibilidad refuerza su estabilidad emocional ante situaciones externas.

Para los cachorros, la rutina ofrece beneficios adicionales. Los profesionales observan que estos animales necesitan realizar sus necesidades fisiológicas entre diez y quince minutos después de ingerir alimento. Al establecer horarios constantes, el perro asocia el momento del almuerzo o la cena con la oportunidad de evacuar, lo cual consolida una conducta higiénica adecuada dentro del hogar. De esta manera, el animal comprende que existe un espacio destinado específicamente para ese fin, lo que facilita así el proceso de adiestramiento temprano y la convivencia cotidiana.

Cuando los perros se acostumbran a horarios específicos, su organismo también se adapta. Es habitual que, al acercarse la hora de comer, el dueño perciba una alteración en el comportamiento de su mascota. Esta manifestación busca llamar la atención del tutor para recordar la necesidad de alimento. A diferencia de los gatos, los perros poseen un vínculo de dependencia muy marcado respecto a sus cuidadores y carecen del instinto de libertad que les permita resolver su nutrición por cuenta propia. Si el perro vive en un departamento sin salida al exterior ni acceso a las alacenas, depende totalmente de la responsabilidad humana para satisfacer su apetito.
Por último, los especialistas advierten sobre las señales de alerta. Si un perro interrumpe de manera repentina sus hábitos alimenticios establecidos, los dueños deben prestar especial atención. Cuando el animal acostumbra comer con regularidad, dejar el plato lleno o ingerir solo una parte constituye un síntoma de que algo no funciona bien. Ante estas situaciones, la consulta con un veterinario de confianza resulta impostergable para descartar posibles patologías.
A continuación, algunos tips clave para una nutrición responsable aportados por Caena
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA